lunes, 30 de mayo de 2016

El Reino de los Monos

"El Reino de los Monos" (Evolution Man - Pourquoi j'ai pas mangé mon père?) es la historia de Eduard, que a pesar de ser el hijo mayor del rey de los simios, fue considerado al nacer excesivamente enclenque y fue desterrado de la tribu. Habiendo crecido lejos de aquélla, bajo la protección de su amigo Ian, resulta ser increíblemente ingenioso, y descubre el fuego, la caza, el hábitat moderno, el amor, e incluso la esperanza. Generoso por naturaleza, aspira a compartirlo con todos los demás, con lo que revoluciona el orden establecido y acaba arrastrando a su gente, con su desenvuelta personalidad y su sentido del humor, hacia una existencia más humana donde comerse al padre ya no está bien visto.


Producida por Pathé en co-producción con Boréales, Kiss Films, M6 Films Cattleya y Ufilms, está dirigida por el cómico y productor francés Jamel Debbouze, que asume por primera vez el papel de director de un largometraje, a partir de un guión desarrollado por él mismo y Frédéric Fougea sobre una idea original del segundo y Jean-Luc Fromental. A su vez, está basada en la novela "Evolution Man - How I Ate My Father" (1960) de Roy Lewis, una obra de culto que desarrolla una mirada en clave cómica a la evolución del hombre prehistórico.
Sin embargo, la que se ha titulado aquí "El Reino de los Monos" no es más que un reflejo borroso de la novela de la que bebe. Jamel Debbouze se aprovecha de la obra de Lewis básicamente para construirse un personaje a su imagen y semejanza (hasta el punto de que el protagonista es clavado físicamente al actor, incluso con sus discapacidades) y llevarlo a su verborreico terreno cómico en un guión simple que se deja por el camino lo que constituye la clave de la novela y también el tono erudito y cómicamente intelectual de su lenguaje: en efecto, mientras la novela de Roy Lewis se interroga de forma cómica y estimulante sobre el sentido de la evolución y los límites y el control de la tecnología, construyendo un interesante intercambio de ideas que se desarrolla principalmente entre Eduard y Vania, "El Reino de los Monos" roza tan solo este planteamiento y prefiere partir de un conflicto de rivalidad y celos por el derecho al trono donde las cuestiones sobre la conveniencia o no de la evolución se diluyen, una evolución que surge sin esfuerzo y sin que nada se cuestione, y el pretendido mensaje de puesta en valor de la familia que se quiere adueñar de la película se traza artificiosamente y mal. Por otra parte, el lenguaje erudito de la novela se sustituye por un lenguaje contemporáneo y de calle tallado al estilo de Debbouze que resulta grotesco y anacrónico, mientras los gags humorísticos divierten muy de vez en cuando y acaban reproduciendo en muchas ocasiones situaciones muy parecidas a las que se ya trataron con bastante más comicidad en aquel largometraje de Gottlieb que se tituló "Cavernícola" (1981), una absurda película de serie B protagonizada por Ringo Starr donde la evolución transcurría como consecuencia de irónicos e inteligentemente cómicos, junto a otros más estúpidos, golpes de fortuna en los que se descubría el fuego, la música, la cocina o el desplazamiento en posición erguida... a la vez que unos cartoonianos dinosaurios amenazaban su supervivencia animados en glorioso stop motion.
Y es que tampoco la animación acaba de convencer en "El Reino de los Monos", que al principio iba a ser en animación tradicional y finalmente se convirtió en la que se dice ser la primera película europea que utiliza íntegramente captura de movimiento, lo que respondió a una decisión del productor Jérôme Seydoux (de nuevo con el ánimo de acercar el personaje protagonista a la personalidad de Jamel Debbouze) que se desarrolló con el productor ejecutivo Marc Miancé a la cabeza, en gran parte en los estudios Prana de India. Sin querer desmerecer en absoluto la complejidad técnica de lo conseguido, que supera en expresividad y fluidez a muchas de las producciones americanas que utilizaron la motion capture, el resultado es que cada personaje 3D se ha convertido en el contenedor digital del actor/actriz que los interpreta, y ganando realismo, la animación se convierte en una cáscara que ha perdido aquello que la hace especial: no hay lugar para el slapstick, la exageración, las deformaciones ni nada similar allí donde el personaje animado no es más que una máscara del actor/actriz que lo está moviendo envuelto en múltiples marcadores corporales y faciales. La "animación" sorprende por el punto de realismo y de expresividad facial al que se ha llegado con la motion capture, pero se echa increíblemente de menos la mano del animador.
Sí que merece destacarse el personaje de Vladimir, con el que se han querido reproducir los rasgos y las cualidades actorales del legendario Louis de Funès: sus expresiones faciales se reconstruyeron por ordenador usando referencias de fotografía y vídeo, y su voz fue analizada mediante un nuevo software y sintetizada digitalmente para superponer su timbre y rango vocal a las frases entonadas por el actor Patrice Thibaud.


También los escenarios 3D acaban acusando la inconsistencia y las contradicciones del guión, apareciendo en ocasiones como una frondosa selva y en otras como un desierto páramo. En efecto, el mismo entorno que aparecerá lleno de animales y de suficiente vegetación como para proveer de alimento a la pareja formada por Eduard y Lucy y posteriormente a toda la tribu, se muestra cuando conviene totalmente desierto y yermo. De igual modo que el árbol de los simios parece cambiar de tamaño, y tanto puede ser casi una ciudad selvática como un simple árbol grande.


En cuanto a la banda sonora, las escenas se pueblan de populares temas musicales de Nina Simone, Barry White, Aretha Franklin, Stevie Wonder.. y también de Skrillex, Merlot y DjKore que dan un aire soul y también moderno a las aventuras de los monos y probablemente puedan funcionar para dar proyección internacional al largometraje, pero restan personalidad a la factura francesa de la película.
En fin, "El Reino de los Monos" es un largometraje tan solo aceptable que no logra conectar con el espectador, que no sabe darle a la historia un enfoque suficientemente estimulante y que cuenta con un punto de entretenimiento que carece de épica y se apoya básicamente en la diversión que debería partir de los gags de Debbouze, si bien son menos los gags que consiguen hacer reír (aunque los haya, como aquellos centrados tímidamente en el servilismo de los consejeros políticos y en la autocomplacencia de las sociedades civilizadas) que los que le dejan a uno indiferente, y al cabo acaba coincidiendo con algunas premisas que se supieron presentar con más acierto y más gracia en otro largometraje más reciente como "Los Croods" de Dreamworks.

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