miércoles, 27 de septiembre de 2017

Gatos. Un Viaje de Vuelta a Casa

No es habitual que el cine de animación procedente de Japón que llega a nuestras pantallas sean películas en 3D ni tampoco es corriente que se trate de películas eminentemente dirigidas a los más pequeños, y sin embargo ambas circunstancias concurren en esta aventura felina de los creadores de "Pokémon", "Pac-World" y "Yo-Kai Watch", que adapta la célebre serie de novelas cortas "Rudolf to Ippaiattena" de Hiroshi Saito. Una película amable, protagonizada por personajes que se hacen querer y que transmite valores propios del crecimiento, como la importancia de aprender, de perder el miedo y de ser curioso, junto al gran valor de la amistad.


La historia gira en torno a Rudolf, un joven gatito negro que vive feliz en su pequeña ciudad de la prefectura de Gifu como mascota de una niña hasta que por imprudencia termina dentro de un camión que lo lleva hasta el lejano y bullicioso Tokyo. Allí, es salvado de morir aplastado bajo un camión por un gato callejero llamado Tengounmontón, que gobierna al resto de gatos del vecindario con autoridad y le toma bajo su tutela. Junto a su salvador, Rudolf comienza a aprender a valerse por sí mismo y los beneficios de comprender la escritura humana para conseguir comida y poder leer los carteles de la autopista que le lleven de vuelta a su hogar. Rudolf se convertirá así en un gato hecho y derecho junto a sus nuevos amigos y lidiando con indeseables como el bulldog Diablo, que atemoriza a todos los gatos del barrio.
Aunque la trama tarda en obtener un ritmo capaz de enganchar al espectador desde el principio, su sencillez la hace fácil de seguir por el público infantil y finalmente es imposible no empatizar con cada uno de los personajes de la película y verse atrapado en la avalancha de emociones que les envuelven. Y a pesar de que realmente se trata en el fondo de un esquema, el de aprendiz-tutor, que ya hemos visto desplegado en multitud de ocasiones, el enfoque resulta atractivo por ser ligeramente distinto al de las grandes producciones americanas, al ofrecer una visión alejada del esquema buenos-malos y que no duda en ofrecer finales no necesariamente azucarados. Y es que los japoneses, quizás por esa cercanía con el sufrimiento de las guerras, siempre han sabido envolver con un aura de tragedia sus historias y destacar de esa forma tan suya el valor del heroísmo y la determinación frente a la adversidad.


En el apartado visual, si bien está alejada de los estándares a que nos tienen acostumbrados Pixar, Disney y similares, la película se desenvuelve de forma razonablemente aceptable. Sobresale especialmente el cuidado aplicado en la simulación del pelaje de los gatos y la forma en que se refleja en él la luz. Por contra, se nota la limitación a la hora de recrear el bullicio de Tokyo: a pesar de que la ciudad debería estar plagada de gente y animales, son pocos los que aparecen en las escenas de la película.
Destaca también una animación que refleja muy bien los movimientos y el comportamiento de los gatos reales en todos sus estados de ánimo, cuidando también la animación secundaria, pero que a la vez está muy a tono con el hecho de que han de seguir siendo personajes de dibujos animados, algo que se hace muy evidente con el felino maestro de las artes marciales Bucchi, un gato ligón y buen amigo al que le gusta sostenerse sobre las dos patas traseras y que constituye uno de los recursos cómicos de la película.

Lo mejor: unos personajes entrañables cuya historia transmitirá a los pequeños la importancia de ayudarse mutuamente y de crecer sin miedos y con ánimo de aprender.
En contra: la primera parte de la película arranca con un ritmo demasiado lento y habría  sido de agradecer que se hubieran desarrollado algunas de las pequeñas aventuras sobre las que se construye la relación de Rudolf con Tengounmontón y los gatos callejeros, como en los libros en los que se inspira.

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